El Ayuntamiento insta a la integración de forma “urgente”del Carmen y el Polígono
DIARIO DE SEVILLOA 01/03/07 02:53
Gonzalo Crespo (G.C.): Es complicado. Nosotros lo que podemos decir es que el Ayuntamiento siempre hará un esfuerzo para que estas dos cofradías tengan los mismos servicios municipales que otras.
Alfonso Rodríguez Gómez de Celis (G.D.C.): Como ciudadano creo que hay aplicar el sentido común. La ciudad tiene los espacios físicos que tiene. La Semana Santa tiene los espacios horarios que tiene. No hay que plantearse tanto quizás la incorporación de estas dos cofradías de las que hablamos, si es importante su inclusión o no, si no si cabría una revisión de la nómina actual. ¿Por qué no? Es complicado plantearlo, pero la historia de la Semana Santa demuestra que no sólo se han incorporado nuevas cofradías, sino que han salido otras. Debe existir un equilibrio, que debe venir dado por la propia gente de las cofradías. El Ayuntamiento tiene que aplicar después ese equilibrio a la logística. Sevilla sabe estar perfectamente equilibrada. La secuencia debe ser: revisar todas y cada una de las hermandades que están en la nómina para ver si cumplen los mínimos exigibles para hacer estación a la Catedral, incluir aquellas que se lo merezcan como estas dos, que creo que es urgente que vayan a la Catedral y, en tercer lugar, que el Ayuntamiento aplique la logística.
Juan Ramón Cuerda (J.R.C.): La Semana Santa está ya masificada. Podría ser discutible si caben dos hermandades más, o cuatro más. ¿Pero díganme cuál es el límite? El señor cardenal ha aprobado una nueva hermandad de penitencia en Pino Montano. La mayoría de los cofrades creemos conveniente la erección de nuevas hermandades de penitencia en el extrarradio de la ciudad. Cuando se amplia el núcleo urbano, los que somos cofrades y creemos en las cofradías, defendemos que debe haber nuevas hermandades en esas zonas. Si Sevilla crece, cada vez habrá más hermandades de penitencia. ¿Todas pueden ir a la Catedral de Domingo de Ramos al Sábado Santo? Yo personalmente pienso que no. Esto sería otra Semana Santa. La Semana Santa de hoy ya no tiene nada que ver con la de hace 30 años. Y no digo nada de la de hace 50 años. Ya ni recuerdo cuántas hermandades de vísperas hay. Hay que estudiar la Semana Santa de hoy y la del futuro inmediato. ¿Con qué argumento se le puede decir el año que viene, por ejemplo, a la hermandad de Pino Montano o a cualquier otra que no puede ir a la Catedral cuando el año anterior se le ha dicho que sí a dos hermandades ?
Joaquín de la Peña (J.P.): La revisión de la nómina actual de hermandades, basada en el discurso de la historia, es hoy inviable. Antes se preguntaba en los cabildos de salida: “Señores, ¿hay dinero? ¿Está la hermandad en condiciones de salir?” Mi hermandad de la Carretería dejó de salir muchos años y su sitio lo ocupa hoy el Gran Poder. Hoy día eso no se da. Tenemos otra cuestión, como es el marcado individualismo de las hermandades, que en muchas ocasiones se cierran de su cancel para adentro, o de su atrio para adentro. En este sentido, la posición de Juan Ramón Cuerda como hermano mayor de Santa Marta es digna de elogio, porque nos ofrece una visión de conjunto en el asunto de la integración de las nuevas hermandades. Podremos estar de acuerdo o no con él, pero está mirando a la totalidad. El Consejo choca con ese individualismo cada vez que trata de hacerle ver a las hermandades las necesidades colectivas. En 1995 hicimos el famoso estudio, sin previo aviso a las cofradías, para saber el número exacto de nazarenos de cada una y calcular la velocidad de nazarenos por minuto. Fue un instrumento magnífico. Se supo qué hermandad decía la verdad y cuál no. Pues enseguida hubo cofradías que alegaron que su hermandad no podía hacer más esfuerzos, otra que su hermandad tiene una forma de andar específica…
J.R.C.: Hoy en día no se puede evaluar a las hermandades si cumplen o no los requisitos mínimos para salir. Sí se podría aplicar el sentido común. Hay una serie de derechos adquiridos: el de salir en procesión, el del día en que se procesiona, el lugar que se ocupa en la jornada, etcétera. Pero hay dos temas que siempre he dicho que parece que no se pueden tocar, que son el tiempo y el dinero. ¡Pues son justamente los temas que habría que tocar! Vamos a darle dinero por igual a todas las hermandades de penitencia que hagan procesión, la hagan cuando la hagan e independientemente de si van o no a la Catedral, con lo cual parte del problema se estaría suavizando. Y vamos a revisar los tiempos de paso, que tal como están ahora son injustos. Hay cofradías a las que ostensiblemente les sobra tiempo y otras a las que le falta. Por otro lado, entiendo que la Semana Santa de Sevilla es de Domingo de Ramos a Sábado Santo. Y tiene un límite físico. Los tiros actuales van hacia una Semana Santa de diez días y de una forma no estudiada, a borbotones. Algún día comenzará la Semana Santa el Domingo de Pasión. No creo que la solución sea ésta. Yo sí planteo una: ¿Sería bueno para la ciudad desatomizar la Semana Santa, desmasificar el centro y que las hermandades de la periferia hagan estación de penitencia sin venir a la Catedral?
G.D.C.: Eso sería hacer una Semana Santa de segunda división. Soy del Polígono de San Pablo, creo que esa solución provocaría a todas esas hermandades el convencimiento de no ser cofradías de primera. Quiero aclarar lo que dije al principio. Hay una sensación de que las bullas de Semana Santa son menores ahora que hace cinco años. Hay que buscar el punto de equilibrio. No se puede crear una Semana Santa bis, o una Semana Santa devaluada, o una Semana Santa previa. Creo que la Semana Santa tiene la suficiente fuerza y potencia en todos los aspectos, el primero de ellos el de la religiosidad evidentemente, como para que quepan todavía bastantes cofradías. Mi opinión es que hay espacio suficiente. El Sábado Santo y el Domingo de Resurrección son dos días que están dentro de lo que todo el mundo concibe como Semana Santa y que, por lo tanto, se puede pensar que todo no acabara el sábado por la noche cuando pasa la Soledad, sino que terminara el Domingo de Resurrección por la tarde-noche con el paso del Resucitado y, a lo mejor, con dos o tres cofradías más. Si vienen al centro hermandades de barrios muy alejados, al Ayuntamiento siempre le parecería positivo. Yo lo tengo muy claro.
G.C.: Tenenos que ser capaces cada uno de ponernos el sombrero que nos corresponde. El nuestro es el de la ciudad. Está claro que la fe y la devoción es lo primero. Dicho eso, para nosotros, las hermandades de los barrios vertebran esos barrios. En muchos de ellos, si no hubiera hermandades no habría otra manera de constituir otro tipo de asociación. Cuando se habla de fundar una hermandad, los vecinos se vuelcan. Cuando decimos que apoyamos las hermandades de los barrios no lo decimos por decirlo. Estamos convencidos de que ese apoyo es bueno para la ciudad. Las hermandades le dan vida a los barrios. Por este motivo, no podemos buscar soluciones que atenten contra la dignidad que buscan esas hermandades. Inevitablemente, la geografía física de la ciudad es la que es, como ocurre con la Feria, donde no cabe una caseta, por ejemplo, para la Diputación Provincial. Es que no hay sitio.
J.R.C.: Lo de la Semana Santa de segunda división es relativo. ¿También podría ser de segunda división, por ejemplo, salir el Lunes o el Martes en comparación con el Jueves o el Viernes? Se podría hablar de privilegios en estos casos.
G.D.C.: Pero ahí hay un criterio, que es el de la antigüedad.
J.R.C.: El mismo criterio del tema que estamos tratando. Las hermandades que estamos, estamos. Las que llegan, llegan más tarde, y se tendrán que acoplar cómo puedan. Y mucho más de segunda división es salir el Viernes de Dolores o un Jueves de Pasión. Y hablar ya de cofradías de penitencia el Domingo de Resurrección… Yo no lo admitía. Para mí, la Hermandad de la Resurrección es un lunar. Para mí, perdió la oportunidad de ser la gran hermandad de gloria de Sevilla. Siendo de penitencia, no tiene sentido. Lo he dicho siempre.
J.P.: Históricamente, la autoridad eclesiástica nombraba una serie de inspectores para evaluar la compostura, la seriedad, los horarios y otros aspectos de las cofradías en la calle. Asignaban unos puntos y en función de éstos se concedía la subvención. Aquí abrimos un debate inmenso: ¿Quién establecería esos baremos objetivos hoy? En cuanto al reparto equitativo del dinero entre todas las hermandades de penitencia, aunque no vayan a la Catedral, creo que es un tema que habría que tocar con muchísima cautela.
J.R.C.: A mí, personalmente, me han tachado de insolidario por mis opiniones. ¡Y en lo de las subvenciones sí que hay insolidaridad!
J.P.: De todas formas, Juan Ramón, estoy convencido de que la búsqueda de la subvención no es el elemento principal. Una hermandad quiere llegar a la Catedral porque es el centro de la diócesis. Una hermandad de barrio en su barrio no se identifica ante la ciudad, lo que sí consigue cuando llega al centro, por ejemplo, y dice “Aquí está Triana” o “Aquí está el Cerro”. Esa identificación es mucho más importante que la cuestión del reparto de subvenciones. Efectivamente, hay unos límites que los marca la distancia. Los horarios son unos límites subjetivos, porque el comienzo de paso de cofradías por la carrera oficial ha cambiado mucho en los últimos años.
G.D.C.: Respecto a dónde debe poner la ciudad el límite a la incorporación de nuevas hermandades desde el punto de vista puramente logístico, sin entrar consideraciones eclesiásticas o del Consejo, la ciudad considera que hay dos días en los que por su nómina actual cabe suficientemente un número importante de cofradías. Son el Sábado Santo y el Domingo de Resurrección. Y quede claro que estoy de acuerdo con esa necesidad identitaria de las hermandades de barrio. En un futuro inmediato habrá que organizar una conversación a tres bandas, entre la Iglesia, la ciudad y las cofradías, para establecer los límites. Pero tengo claro que en estos momentos hay un margen de días dentro de la Semana Samta donde pudieran caber más.
J.P.: La clave es el sentido común. Hace 30 años se hablaba de una segunda madrugada. Hubo hasta un debate que hoy ya no hay. Hoy, lo que quieren las hermandade es entrar antes. El movimiento generacional de entonces fue clave. En aquel momento entró en las cofradías una juventud pujante a la que no le preocupaba estar hasta las tres o cuatro de la madrugada arropando a las hermandades.
J.R.C.: También influye hoy la inseguridad ciudadana.
J.P.: Entonces también había inseguridad. No vamos a idealizar aquella época. Hoy lo que hay es menos respeto y menos educación. Las hermandades de hoy tratan de adelantar la entrada, recortar los itinerarios, que no haya retrasos en la carrera oficial, etcétera. Vemos cómo las propias cofradías se autorregulan en cuanto a la utilización de la noche. Pasa igual con el número de nazarenos. Se dice que ahora hay menos. Pues mire usted, es que a las cofradías también les afectan los
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